El potencial cervecero de Quintana Roo

7 abril 2015

Curvato, Maya Tulum, Akumal y Mundo Maya son una muestra que pone a Quintana Roo como uno de los estados emergentes en el mundo de la cerveza artesanal, y que tienen en el turismo su principal motor de consumo para impulsar su producción.

Edu Villegas, beer somelier y cervecero, asegura que la Riviera Maya y en general el Estado comienza a competir con otros como Querétaro, Nuevo León y Puebla y el mismo Yucatán por hacerse un lugar entre las entidades que más producen cerveza artesanal, especialmente los del pacífico como Jalisco y Baja California, además de la Ciudad de México.

Abel Quintana, distribuidor de cervezas artesanales en la zona peninsular, destaca otro elemento que acompaña a la producción: el consumo de cervezas artesanales en lugares como Playa del Carmen.

“Vemos que en los últimos años ha crecido este fenómeno. De dos años la fecha tenemos bares como TNT, como Michelandia, como La Cantina y el más evidente el Club de la Cerveza, que le están apostando a ese sector de la comunidad que busca algo más que una lata de las marcas conocidas, y consumen tanto la cerveza de Quintana Roo como las artesanales de otras partes del país o de otros países”, acotó.

Apuestan al turismo

Aunque los lugares que mencionan son visitados por la comunidad local, para Villegas el potencial está en el turismo.

“Hace unos años se hacían estudios sobre consumo. Nos dimos cuenta que uno de los puntos importantes eran las playas, pero sabemos qué tipo de cerveza se consumía (las de las grandes marcas). Hoy mismo las cervezas artesanales han encontrado un nicho importante que es el turismo en ciudades como ésta, aunque también están viendo hacia afuera: llevar sus cervezas al centro del país, al norte del país, donde se van enfrentar un mercado mucho más exigente que aquí”, comentó.

Eventos como el Festival de la Cerveza que se organizó el fin de semana pasado en su cuarta edición, buscan impulsar la comercialización de la cerveza artesanal, aunque una de las limitantes para que eso suceda es el precio, pues en algunos casos son dos o tres veces más caras que las producidas industrialmente.

Adrián Barreto para SIPSE